La cita Milenaria Maya, 2012

Era el año 2012 del calendario gregoriano. Se hablaba mucho de la esperada llegada de la nueva era con todos sus enemigas y misterios que envolvían el 21 de diciembre: era el cierre de un ciclo de 26 mil años, habiendo empezado un 4 ajau – 8 kumku – 13.0.0.0.0 – el 13 baktun de la cuenta larga del calendario maya, que estaba llegando a su fin. Unos especulaban con catástrofes, otros vislumbraban el amanecer de la nueva humanidad.

Para abordar el tema, deseo compartir lo poco que pude escribir en los primeros días en mi viaje al corazón de la sabiduría maya, en Tzajala, Chiapas. Los siguientes días y noches me fue imposible escribir, debido a la cantidad de sucesos y transformaciones que estaban aconteciendo a gran velocidad, un eterno presente en el que todo sucedía a la vez.

Llegué a San Cristóbal, Chiapas, el 8 de diciembre de ese año; las calles pintorescas, los caminos empedrados, las indígenas chamulas con sus faldas negras hechos del pelaje de ovejas… El chisme en el pueblo era el reciente incendio en una casa vecina. Un camión, que salía cada cuatro horas de la terminal, me llevó a Tzajala. Muchas curvas y la espesa vegetación me adentraban a un lugar alejado de la civilización, árboles y montañas, maderas pintadas que anunciaban la presencia del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). Por sincronía de la vida, decidí hacer este viaje sin ninguna expectativa, aunque en el fondo sabía que era parte de una iniciación; presentía que algo fuerte estaba por ocurrir, pero nunca imaginé cómo sería.

“Me recibió una puerta de colores que anunciaba La Cita Milenaria”.

Una reunión agendada desde hacía siglos, una cita milenaria, nombrada así por el abuelo maya a quien quería conocer. Vi un camino largo entre praderas. Un hermano que estaba arando la tierra me saludó y me guio hasta la cocina. Ahí conocí a Sylvane, la esposa del abuelo. Momentos después, con los brazos abiertos me daba la bienvenida el abuelo Marzo Yuk Quetzal, la sonrisa familiar, una mirada pura, el corazón abierto de aquel hombre que con cariño llamo “abuelo”. Ha Omek Ka (El continuo del principio en el fin) es la comunidad maya en la zona de Tzajala que me recibió con alegría. Conserva sus usos y costumbres, una eco-aldea con baños secos y un cristalino río sagrado, cultivos orgánicos, prácticas espirituales, medicina natural, bio-construcciones, producción artesanal y comercio justo, la tradición y el corazón del hombre en co-creación con la casa que es la Madre Tierra.

La primera noche dormí en una habitación compartida, entraba el aire frío, teníamos un “espanta espíritus” que cuidaba nuestro sueño; ahí conocí a Mazatl y Shakty. Ellos son del DF: Mazatl es mago y Shakty es una venada del Sol. La comida en la cocina era muy rica: mucha semilla, muchas verduras y frutas. El agua, de pinole. Compartimos todo con muchos hermanos, hacíamos talleres de matemáticas sagradas, de vocalización, de siembra, ayudábamos en los baños secos y en cualquier actividad en pro de la comunidad que rodeara la eco-aldea; Filemón, por ejemplo, un sabio silencioso y sin memoria, no recuerda quién es él, pero me ha explicado que todos somos esclavos de alguna cosa y que la única manera de renacer es saber qué clase de persona quiere ser uno. Me ha hablado de la importancia de destruirse para dirigirse al camino. Emy es de Finlandia, es una hermana transparente y sincera, dibuja en sus ratos libres; también está haciendo una tesis/documento sobre este viaje. Siento mucho cariño por ella. Es como el viento. En ocasiones ve colores más allá de los del paisaje… una persona especial. Sha es una ardilla. Se le facilita sonreír. Eso me gusta. Viene de Francia. También reconocí su mirada.

“Vieron cómo se iluminó el piso con los colores de Quetzalcóatl: azul-verde”

Luimina fue otra de las hermanas que escuchó el llamado peculiar de esta cita. La Reina Roja, como la conocen algunos, se encontraba haciendo un retiro de silencio en un rancho en Australia; cuatro luces se posaron sobre el rancho y fue entonces cuando recibió la indicación de viajar a Chiapas, México, para el cierre de este ciclo. El día que llegó nuestra hermana Luimina, portadora de uno de los 12 cráneos de cuarzos que hay en el mundo, José Luis Valle, escritor y testigo de la cita milenaria y su Hija Antares Estefanía, vieron cómo se iluminó el piso con los colores de Quetzalcóatl: azul-verde. Voltearon al cielo y vieron pasar sobre ellos una luz alargada a baja altura. Para asombro de todos, un día después nos informaron que, en el centro del país, un tubo luminoso había sido visto entrar al cráter del Popocatépetl, el volcán más sagrado de México.

Los días se iban entre temazcales y pláticas en la casa del fuego. Muchos hermanos fueron llegando de todas partes del mundo. Hacíamos sanación del corazón con cuarzos y piedras milenarias; sueños con maestros tibetanos nos despertaban por las noches; realizábamos activaciones de glándula pineal, vocalizaciones para alinear centros energéticos; probábamos el cacao puro de Gisela y danzábamos al amanecer. El abuelo fuego, la comida sana, las diarias meditaciones, el yoga, los mudras y las inyecciones de abrazos diarios. Una noche, caminando por la vereda que conduce a las cabañas de Ha Omek Ka, un hermano de Argentina sacó de su morral una botella de mezcal y una jícara y las alumbró con su lámpara mientras contaba sobre el origen de esta bebida, en los valles de Miahuatlán, Oaxaca, y de un maestro llamado don Felipe. La jícara pasaba de mano en mano, la bebida impregnaba la noche con su olor; el abuelo Marzo se animó a platicarnos las historias de las estrellas, la importancia de las constelaciones para el pueblo maya y su guía durante la noche. En aquellos momentos, sobre un cerro podía percibirse una luz brillante, diferente a todas las que se podían ver todas las noches. Se trataba de un satélite ruso viajando al parejo de la órbita terrestre, nos dijo el abuelo. El contacto con el cielo y la tierra, con la tradición y las historias, era apenas el punto de partida del viaje que estaba por suceder.

“Fuimos llamados por el abuelo Marzo ‘el Consejo Maya Multiversal’, creado por todas las culturas”.

Los hermanos de la nación del Jaguar, del Oso, de todos los lugares sagrados presentes dimos gracias al Padre invocando su nombre, su autoridad suprema con la fuerza manifestada, nuestra esencia divina; fuimos llamados por el abuelo Marzo, el “Consejo Maya Multiversal”, conformado por todas las culturas: mexica, Tenochtitlan Anáhuac, hebrea, del este, del oeste y del poniente, del sur, europea… Agradecimos llegar a este momento sembrando los corazones de todos nuestros hermanos y hermanas, desde Finlandia hasta la Patagonia, un sueño hecho realidad, construido por muchos sueños. “La Cita Milenaria” tuvo su resonancia, todos los hermanos guardianes estuvieron ahí. Representantes de todo el mundo. El propósito se alcanzó y rebasó cualquier expectativa humana, lo mágico trascendió lo sagrado, lo místico la expectativa, el nuevo paradigma ha nacido, la luz manifestándose a sus primeras horas.

Pasarán años para concretar una conciencia plena, pero ya hemos pasado el umbral de la oscuridad más densa hacia una era de luminosidad. Nos queda construirla.

Final de las 13 profecías mayas

Charlas en el templo de las inscripciones de Palenque

Los sabios mayas de Palenque supieron algo al estudiar el Cosmos; ellos tenían un mensaje que dar a la gente en códices que los occidentales no conocen, códices ocultos en el Tzolkin y la Cuenta Larga. Pero, ¿qué dicen estos códices?

Estos sabios profetizaron que, a partir de 1995, comenzaría la era del conocimiento. Entonces la cultura maya renacería de nuevo y el cuerpo de luz de la humanidad empezaría a despertar al recibir la energía de Hunab Ku. A partir de 1995 y hasta 2012, la humanidad recibiría la luz del conocimiento desde el corazón de la galaxia y trascendería sus sombras. Dicen que cuando en 144 mil humanos haya despertado el cuerpo de luz, la Tierra entrará a otra vibración. Todos los centros mayas tienen que cumplir sus papeles sagrados para recibir la luz del conocimiento y despertar seres luminosos. Han regresado los mayas para entregarnos las claves del tiempo, entregándonos su antiguo conocimiento secreto, preparándonos para la edad de conocimiento, que ha comenzado a finales de 2012.

Los mayas han vuelto. No es una raza, es una consciencia. Su visión no es planetaria, es universal. El chamán maya nos dice que aprenderemos a descifrar su lenguaje, sus glifos, intentando cubrir el silencio del hombre ausente.

La noche del 21 de diciembre de 2012, el abuelo Marzo Yuk Quetzal dio testimonio de su muerte para renacer a la nueva vida. Estuvimos ahí para abrir los nuevos códigos de luz, sabios mayas presentes para dar entrada a la nueva Cuenta Larga; dimos fe, ante el abuelo fuego y las matemáticas sagradas, el Quetzal solar, de una nueva consciencia de la trasformación de la serpiente que se funde en el fuego sagrado de la vida; la plenitud de la consciencia.

 

Testimonio del abuelo Marzo Yuk Quetzal

“No llegamos a Na Chan Can como lo habíamos planeado; se marcó una disyuntiva: nos consignaban a un espacio sagrado donde sólo entraban 150 personas. Nosotros no íbamos a un evento elitista, no íbamos aceptar condiciones del INAH por la inconciencia de los gobernantes. Al final, las autoridades se retractaron y tuvieron miedo. Si nos negaban el acceso, era rechazar la participación a nuestros hermanos del Arcoíris, a los del 11:11, a las otras naciones. Tenían miedo a la multitud, pero fue como el cielo quiso que fuera. Esa noche fue la más importante. Yo estaba focalizando el evento con los 20 abuelos de tradición y los 70 danzantes, con Lumina y el representante de la cuenta larga (abuelo Marzo), pero me estaba olvidando de la hora crucial del amanecer y, cuando me di cuenta, se me cayó la venda de los ojos. Lo demás sólo era el reflejo de lo verdaderamente trascendental. En el momento en que el ánimo estaba por los suelos, llegó un hermano Dakota, danzante del búfalo, y me dice:

‘Tengo una ofrenda para ti, hermano’.

Me entregó la chalupa que tengo con el tabaco sagrado y me dijo que el espíritu estaba muy fuerte en el círculo del abuelo Huehuetéotl (la danza ceremonial que se estaba realizando alrededor del abuelo fuego) y yo me puse a llorar. Él nos estaba buscando desde que llegó a México y me dijo:

‘Tus lágrimas están limpiando a la Madre Tierra, hermano. Es un parto, está doliendo, tú sostienes todo esto’.

Me dio fuerza y empezó hablar. Con lo poco que él sabía de español y yo de inglés, nos pudimos comunicar con el lenguaje del amor, y me dijo:

‘Voy a seguir danzando’.

Y me dije: ‘No puedo renunciar’.

Tomé mi poncho y fui al llamado del abuelo fuego. En algún momento, quería que ya se apagara el abuelo fuego para irnos a descansar, para estar bien para el siguiente día, pero cuando el hermano Dakota me fue a buscar, me inyectó toda la energía.

Llegamos al círculo de energía que rodeaba al abuelo fuego y, frente a mí, Shakty me dice que se está cayendo el espíritu. Fue cuando grité: ‘¡Fuerza, guerreros! ¡Fuerza, guerreras!’. Se fue elevando el espíritu hasta que llegó el momento, la hora indicada para cruzar las tinieblas. Esa fue la ceremonia más sagrada, ese fue el punto culminante, la hora más honrada. Me dijeron que ya era el momento para invocar la bendición. Se presentaron los abuelos, internados en muchos jóvenes de diferentes naciones; llegaron de todas partes. Ya habíamos cumplido los 13 días de ofrenda para activar la frecuencia 21, 13:21; en ese instante, tomé la decisión de no subir a los templos: era el momento de los relevos. Mi respeto y reconocimiento para todos los que estuvieron desde el principio hasta el final. Fue el día más largo del año, la noche más oscura, la hora más larga. Hoy le decía a mi hija Elisama:

‘Te felicito, te admiro y te respeto, fue tu graduación’.

Me respondió:

‘No, es mi iniciación’.

Fue una larga noche que por momentos parecía interminable, danzando todo el tiempo bajo la lluvia, purificándonos, limpiándonos, sanando nuestros corazones. Literalmente, destilábamos agua viva por todos los poros de la piel. Los sentimientos encontrados se iban desvaneciendo poco a poco. Sólo nos fortalecía la fe y la certeza de que el corazón del cielo nos ayudaba a cruzar el umbral.

La hora indicada estaba por cumplirse: las 5:11 am. El solsticio de invierno determinaría el cierre de un ciclo y la apertura de uno nuevo y, con éste, todo lo demás se renovaría también. Mas, para llegar hasta ese punto que no sería nada fácil, una gran ofrenda habría de manifestarse. Le correspondía a otros hacer el cierre. Se hizo lo que se tenía que hacer. Yo sé que Lumina sabe que se hizo. No estuvimos bajo el reflector de las cámaras, no estuvimos en los medios de publicidad que tergiversan todo. Era entrar todos juntos o no entrar. Yo no voy a traicionar a mi raza cósmica; le agradezco al gran espíritu por habernos permitido hacer todo el trabajo. Dice la palabra viva que nuestro dios es el Sol, el fuego que consume nuestras impurezas. Sabemos que ya estamos en el nuevo amanecer, que vendrá una era de gran consciencia. Hay que sembrar, cultivar, activar círculos de medicina… Se está construyendo el nuevo paradigma de esta verdad espiritual a nivel de consciencia para coexistir con los elementos sagrados, lo creado.

Habrá mucha información que saldrá a la luz. Construiremos las nuevas ciudades digitales para reproducir el Cielo en la Tierra, concretando todos los centros. El medio para reencontrarnos fue el medio digital. Gracias a éste se materializo ‘La Cita Milenaria’. La red es el instrumento que nos permitió cristalizar todo con los corazones de todos en conjunto. Gracias a mi dualidad, Sylvane, por estar al pie del cañón, para servir y organizar la comida los 13 días; gracias por entender toda la profundidad de la quinta dimensión de esta experiencia. Gracias a mi hija por mantener con fuerza mi familia; gracias, abuelos y abuelas: abuelo fuego, gracias por estar con nosotros. Continuamos el camino, todas las culturas, tarahumaras, huicholes, mixtecas, zapotecas, mexicas, mayas, olmecas, toltecas, hebreos, europeos, tlaxcaltecas y de todos los centros sagrados.

Cedo la palabra”.

El trabajo físico-energético-espiritual que llevamos a cabo… sólo uno sabe lo que significa. Para mí, es el desarrollo de las habilidades para poder construir una comunidad de paz y armonía. A mi regreso a la capital de México, soñé que estaba pintando con muchas personas de diferentes lugares. En el centro de la pintura estaba representado un dragón. Días después, hice una pintura de Quetzalcóatl. La particularidad de este evento y el hecho de que nos hayamos reencontrado en ese lugar nos lleva a un camino diferente, cada quien escuchando su corazón y dando lo que tenga que aportar a la humanidad.

Veo cómo se va dando forma a un equipo de personas comunes, con problemas como todos y alegrías por igual; gente que cada vez guarda silencio en su mente para escuchar su corazón. Ha Omek Ka me dio la fuerza para seguir creyendo que existe una red de corazones conectados desde diferentes partes del universo, red de paz, de trabajo, de comunicación. Creo también que el internet es un ejercicio en el plano físico para practicar esa red universal del corazón. He experimentado la telepatía con las personas que amo… Ahora entiendo cuando el abuelo Marzo dice: tele-empatía.

Agradezco a todas las manifestaciones que se hicieron presentes, tanto las de luz (los abrazos y las risas, el trabajo y las ayudas) como las de oscuridad que se están iluminando (las pérdidas, las enfermedades, los malentendidos). Y si agradezco a estas últimas es porque también son maestras ocultas que nos avientan a dar el siguiente paso. Celebro cualquier fecha, cita, cierre, bienvenida que nos lleve a cambiar del viejo sistema, basado en el miedo y la limitación, por el nuevo sistema, basado en el amor y el infinito. La humanidad tiene un deseo apocalíptico, que busca trascender a su propia historia para empezar de nuevo, una especie de reset consciente, un temazcal global.

“Como guardianes de la luz me hizo comprender el juego cósmico, la danza de los dioses”

Danzar bajo la lluvia cuidando, alimentando el fuego sagrado, ofreciendo nuestro corazón en la noche más larga, en la más oscura, como guardianes de la luz, me hizo comprender el juego cósmico, la danza de los dioses. Sabemos, los que estuvimos ahí, que ese momento algo cambió en nosotros. En el centro de este fuego brilla un colibrí. Y fue así como salimos de la noche galáctica y poco a poco vemos cómo la humanidad trae consigo avances tecnológicos, ciencia, artes, comunidad, un nuevo amanecer en nuestro interior. Lo que es arriba, es abajo. Las grandes energías son sutiles; las pequeñas, violentas.

Me quedo tomando con ligereza los eventos de gran escala y le doy máxima importancia a los pequeños detalles que hacen los días: respirar, comer, beber, reír, bailar, mirar y viajar.

El nuevo Sol ha nacido.

In Lak’ech =)

Óscar

Anterior
Anterior

Bajando al inframundo por la serpiente emplumada. Teotihuacán.